Ser argentino: autocrítica

Con espíritu autocrítico, y no autodestructivo, trataremos de señalar una serie de síntomas de nuestra sociedad de clase media argentina, principalmente la franja porteña.

(Digo porteña si bien en la actualidad —medios de comunicación mediante y aproximación del mundo a través de las pantallas—, empezamos a encontrar muchos porteños en varias provincias.)

Toda autocrítica lleva implícito un propósito de comprender la significación de los problemas y un intento por resolverlos. El espíritu autodestructivo es un rasgo de los argentinos, que nos castigamos, sacrificándonos, para obtener un goce sadomasoquista.

• La ausencia de una estructura comunitaria

Los argentinos no hemos logrado todavía reconocer en el otro a un semejante, lo cual implicaría poner en marcha la circulación de deberes y no sólo de derechos.

Al no haber efectuado la necesaria internalización de las normas, sólo prestamos un cumplimiento parcial y ocasional de prohibiciones. Internalizar la norma es convertirla en algo yoico, sintónico, mientras que la prohibición exterior es siempre algo pasible de infracción y ajeno a nuestra supuesta auténtica personalidad.

• La desconfianza hacia el otro

La ausencia de normas —que debilita enormemente la circulación de derechos y deberes, y nos transforma a todos en potenciales infractores— genera un nivel de desconfianza y de aislamiento que obstaculizan la conformación de una comunidad. Una comunidad es aquel lugar donde los lazos solidarios se sostienen articulados en proyectos y argumentos comunes, aunque no idénticos. Es el espacio que promueve en el hombre un vínculo de confianza, que es un vínculo afectivo. Es el lugar que nos fortalece para poder luchar o enfrentar las adversidades que inevitablemente la realidad genera.

• El pensamiento mágico

La ausencia de una estructura comunitaria nos convierte en una sociedad débil y nos lleva a idear soluciones mágicas. Somos los reyes de la improvisación, nos creemos dotados naturales y siempre pensamos que nos falta el contexto adecuado para poder ejercer nuestra bendita habilidad. Como toda ilusión, este pensamiento mágico termina siempre disuelto y frustrado, lo cual genera angustia, tristeza y resentimiento.

Una comunidad en la que impera la norma no necesita apelar al milagro, ya que cree más bien en el esfuerzo y la paciencia. Sabe que hay un tiempo de incubación de proyectos si se pretende que el resultado sea exitoso. Y sobre todo evita algo que es característico del pensamiento mágico, y es la delegación en figuras carismáticas de poderes salvadores que nos conviertan en gente dependiente, infantil e inmadura y a ellos en prometedores inevitablemente frustradores.

• La ausencia de una función ordenadora

Los argentinos debiéramos dejar de seducir a potenciales salvadores, que nos tentarán con ilusiones de realización imposible y nos devolverán a cambio una vivencia de resentimiento, desolación y desamparo.

Los argentinos estamos padeciendo, como diríamos en Psicoanálisis, la ausencia de una función paterna, normativa u ordenadora, función que no ha terminado de ser armonizada en nuestra sociedad. Pareciera haber estado ausente una voz reguladora en el sentido ordenador, una voz que podría habernos arrancado de posiciones infantiles para incluirnos en posiciones adultas. Las consecuencias las conocemos: son sociedades envidiosas, litigantes y en permanente reclamo.

• La envidia

Este sentimiento es una de las razones que impiden al argentino premiar al exitoso, ya que la envidia lo lleva siempre a difamarlo suponiendo alguna forma ilícita de su éxito. Este sentimiento no permite tampoco llevar a cabo un aprendizaje, dado que la posibilidad de admirar queda suspendida. Cuando por falta de referentes no es posible poner en marcha la admiración, tampoco se puede acercarse desde lo afectivo al otro para saber cómo ha logrado lo que ha logrado y por lo tanto aprender acerca de ello. Nos convertimos en cambio en denigradores envidiosos que sólo sienten placer en destruir lo otro en lugar de construir lo propio. El efecto es siempre la devastación global.

Los argentinos de clase media, en especial los porteños, debiéramos preguntarnos si acaso ese sentimiento no se sostendrá en gran parte en aquella mentira inicial —producto de una posición infantil ante el mundo— del que se considera dueño de un poder sobrenatural y que, cuando la realidad le muestra lo contrario, no puede tolerarla.

La posibilidad de educarse, la revolución del conocimiento, se sostiene sobre el entusiasmo, el anhelo y la curiosidad, y no sobre la ilusión vacía. La urgencia de inmediatez quizás nos absuelva del tránsito por frustraciones, pero no olvidemos que esas frustraciones son momentos inevitables en todo trayecto de construcción personal.

2012, 26 de Septiembre

El abuso de alcohol y drogas

Distintas fuentes testimonian y ratifican el alarmante  incremento del consumo de alcohol y drogas diversas en diferentes segmentos de la población. Se trata de un problema complejo, serio y preocupante que así como no responde a una causa única tampoco puede ser resuelto desde una única perspectiva.

El abordaje debe ser multidisciplinario si queremos realmente comprender la densidad de su significación y sus consecuencias. Destaquemos que muchos accidentes y manifestaciones de violencia cuando son analizados descubren la presencia en sangre de un consumo previo de drogas o alcohol. Estas sustancias, por lo tanto, convierten a los que abusan de ellas en victimarios y víctimas potenciales.

Los adolescentes representan un grupo particularmente frágil dado que las fantasías omnipotentes típicas de esta etapa subestiman los riesgos y los tienta a desafiar los límites y pautas de comportamiento que ellos viven como imposiciones de la sociedad adulta.   Por lo tanto, esto los hace más permeables a la seducción manipuladora de los muchos intereses delictivos creados alrededor de este tema. Otro elemento fundamental que lleva a que muchos recurran al alcohol y a las drogas como solución mágica e ilusoria para resolver sus conflictivas personales remite a la soledad, al aislamiento, y a las carencias emocionales que definen algunas de las condiciones de nuestro vivir cotidiano. La vivencia de vacío con la angustia concomitante, la ausencia de un contexto familiar y social contenedor eficaz genera respuestas desesperadas que tienen como corolario conductas autodestructivas. Algunas veces se trata de formas sintomáticas de reclamar la atención y el cuidado de su entorno afectivo al mismo tiempo que expresan el desamparo al que se sienten relegados.

La prevención que es el recurso prioritario al que debemos apelar y que exige un compromiso de la sociedad toda demanda del sistema educativo una didáctica que apele a un lenguaje claro, comprensible y creíble. Necesita  la formación adecuada de aquellos que en distintos puestos de responsabilidad enfrentan cotidianamente este dramático problema. El conocimiento debe sustituir al prejuicio, la comprensión debe anticiparse a indicaciones apuradas y  la solidaridad deben reforzar la función social que toda comunidad democrática aspira.

José Eduardo Abadi | 11 de Septiembre de 2012

El poder y la autoestima

Un equipo, como corresponde a un grupo de personas exige para su funcionamiento y eficacia de ciertas condiciones y exigencias. Pero también, casi como premisa, debemos saber que por  el hecho mismo de ser un conjunto de sujetos está expuesto a diversos tipos de conflictos, tensiones y ambivalencias.

Agreguemos, y es fundamental, que se trata de un equipo de fútbol, deporte que desata pasiones, genera ídolos y para no dejar nada en el tintero involucra intereses económicos enormes. Recordemos que este gigantesco espectáculo tiene un personaje clave, la hinchada.

Cuando menciono a la pasión y al hincha estoy refiriéndome a motivaciones que no transitan básicamente por los canales de la razón, la lógica y la sensatez sino por el contrario ponen en juego emociones desbordadas y lealtades que se aproximan al fanatismo. Esto se pone de manifiesto sobre todo en las situaciones críticas.

Un ídolo futbolístico es un personaje singular. Recorre los afectos de muchísima gente que deposita en él  ilusiones, deseos infantiles omnipotentes y amores incondicionales;  lo que implica seguramente una gratificación a la autoestima pero también una carga y una presión importante.  Se convierte en dueño de un lugar de poder  y su carisma y su talento le  proporcionan un liderazgo significativo. Es y se siente el más importante.

Un equipo de fútbol, como dije al comienzo, necesita armonía. Es decir que sus distintos  protagonistas deben articularse equilibradamente y  para que la específica distribución de roles que tiene lugar sirva de motor y no de obstáculo. Por eso más allá de las ambiciones y poderes personales debe haber una adaptación que reconozca los derechos y los límites de cada uno y que permitan preservar y cuidar a ese tesoro que es el conjunto de todos ellos. Entonces es necesario el diálogo, la autocrítica, el respeto a la opinión del otro y lazos sólidos que permitan tolerar las inevitables frustraciones que algunas veces acontecen.

Hay momentos que las alianzas se mezclan con camarillas y la adaptación se confunde con sometimiento. Son situaciones delicadas donde el conflicto traba la marcha. El paisaje se desdibuja y varios se piensan los propietarios de la verdad. Los acuerdos  y pactos, tanto manifiestos como latentes, se transforman en una lucha por el todo o nada. Cada una de las partes enfrentadas  siente herida su autoestima, desafiada su autoridad y liderazgo, traicionada su expectativa. Si no aparecen mediadores útiles para esclarecer lo que ocurre el malestar se potencia y ya no queda espacio para todos. El poder dejo de ser un factor útil que moviliza progresivamente para devenir un trastorno. La posibilidad de reparar a través del esclarecimiento se aleja y sólo se trata de ganar o perder. Cada movimiento o decisión se hará en función de eso. Son medidas estratégicas de distinto color y dolor. A diferencia de lo que ocurría con los gladiadores en el circo romano aquí el público no se divierte sino que sufre y se ve forzado a un duelo que se resiste a soportar. Se siente descuidado.  A cada adversario le tocará una cuota de victoria y de derrota pero seguramente todos los involucrados padecen las consecuencias de la contienda. La vivencia de pérdida se profundiza. ¿Podrá la palabra, la razón y el afecto curar las heridas y llenar los vacíos?

No está en manos del destino sino de los actores de la obra. No perdamos la esperanza.

Diario Perfil

José Eduardo Abadi | 11 de Julio de 2012

La violencia llegó a la escuela

Bullying es la denominación de una problemática que dada la gravedad de sus características merece que la sociedad se preocupe y ocupe de ella. Porque estamos hablando de una violencia que tiene múltiples manifestaciones y que se da en el ámbito escolar teniendo por víctimas y victimarios a niños y jóvenes, principalmente púberes y adolescentes.

Se trata de un verdadero acoso donde un estudiante es asediado de un modo continúo por un grupo de sus compañeros que a través de una serie de conductas agresivas, humillantes y manipuladoras lo atormenta y muchas veces lo lleva a respuestas desesperadas y autodestructivas.

La autoestima del joven es uno de los blancos principales sobre los que recae el ataque porque de eso se trata. No olvidemos lo fundamental que es para el desarrollo de un sujeto el cuidado de la imagen de sí mismo en este momento de su itinerario madurativo. Son los años en que se va reafirmando la propia identidad explorando nuevas formas de relaciones sociales y sentimentales y animándose a través de nuevas preguntas de indagar acerca de sus apetencias y su vocación.

La amistad con sus pares es una de las redes principales que lo sostienen en este viaje y el diálogo y la confianza son elementos privilegiados en la búsqueda de una pertenencia y un respaldo.

La valoración de si mismo es lo que permite dar los pasos necesarios para desarrollarse e ir adquiriendo autonomía y capacidad de decisión.

Los espacios educativos son claves en esta etapa porque si bien la preocupación acerca de sí mismos tiene un lugar acentuado no es menos importante el reconocimiento del semejante como otro con sus derechos y obligaciones para construir e insertarse en una estructura comunitaria.

Es allí donde se comparten las normas suprapersonales, se tejen proyectos y se entrena sanamente la competitividad, la que es bien distinta a la hostilidad.

La violencia a la que se ven sometidos es tanto psíquica como física y los niveles de maltrato cobran muchas veces intensidades imprevisibles. Dentro del primer rubro vemos como frecuencia la marginación, la exclusión que dejan a la víctima en un lugar postergado para continuar con la burla, la ridiculización yla humillación. Elsufrimiento que se padece es profundo y lo hace sentir al joven abandonado y desprotegido llevándolo a pensar y sobre todo a sentir que soportar es el único recurso que le queda.

Su autoestima sigue un curso decreciente llegando la representación de sí mismo a lo que llamamos en psicopatología el negativo del ideal. Su yo aparece entonces como algo vergonzante que junto con aquel soportar del que hablábamos no le queda sino ocultarse, esconderse o disculparse. ¡Nada menos que ante sus propios detractores que sádicamente ejercen su hostigameinto! Efectivamente lo coaccionan llevándolo a protagonizar escenas y situaciones que desde él mismo rechaza. Pero el miedo aparece como un factor central y el joven amenaza mediante obedece. Esto exhibe al otro actor de esta despareja pulseada que es la sumisión o el sometimiento. En un círculo vicioso su autoestima sigue quebrándose, el temor llega a convertirse en un pánico crónico y capturado en esta versión alienante empieza a fantasear en algunas ocasiones con el suicidio como forma de escapar al caos que siente.

La pregunta que nos surge enseguida es ¿qué hacen los establecimientos dónde tienen lugar estos acontecimientos para neutralizar estas conductas enfermas y enfermantes?. ¿Qué lectura autocrítica se formulan para poder esclarecer las viscitudes que derivan en semejantes patologías?

Porque naturalmente más allá de los relativos silencios con que pueden cursar ciertos procesos aparecen indicios y signos que debieran ser registrados. Me refiero al comportamiento individual tanto del agredido como de los agresores como al clima anímico del conjunto. Lo que ocurre debe ser detectado ¿cómo?.

A través de las herramientas que han demostrado a lo largo del tiempo su utilidad: presencia, diálogo, ejercicio de la autoridad, asesoramiento con los especialistas pertinentes. Porque a partir de esto se pueden hacer las indicaciones correspondientes para neutralizar y reparar el daño.

Por otro lado en la medida en que se tenga noción de esta realidad la tarea preventiva fundamental para una sana formación y socialización va a formar parte de las tareas institucionales de un modo permanente y eficaz.

Si bien partimos de terrenos facilitados predisponentes en la psicología de la víctima las consecuencias más frecuentes son la retracción, inhibiciones de distinta profundidad y la depresión que en casos extremos que, como hemos dicho antes, pude llevar al suicidio.

El agresor pone en juego por su lado impulsos sádicos, eventuales trastornos de violencia en su propio hogar, contagio grupal y tendencias psicopáticas.

Dejo para el último párrafo un aspecto que no quisiera omitir: la necesidad que la familia del joven no sea ajena a lo que a este le sucede en su vida escolar. Que observe, pregunte, participe y que ante la mínima duda concurra al colegio a plantear firmemente su preocupación con el fin de compartir, si es necesario, lo que hay que implementar frente a la dimensión del problema.

Revista DEF

José Eduardo Abadi | 04 de Julio de 2012

La conflictiva sexual

La situación crítica que vive hoy nuestra sociedad repercute a través de distintas expresiones no sólo en los espacios macroeconómicos y macrosociales en los que estamos instalados sino también y con una sutil intensidad en nuestra vida íntima. Me refiero a los vínculos estrechos y sustanciales que hacen a nuestras relaciones familiares, generacionales, amorosas, que son las que definen nuestra identidad y alimentan nuestros proyectos.

Nuestra vida amorosa condensa la ternura, la sexualidad y la amistad. Algunos se atreven, como nos enseña una lectura moderna de los mitos clásicos,  a otorgarle un carácter humanamente trascendente y de plenitud singular. Lo que no significa ser ajenos a conflictos, dificultades y contradicciones.  Pero aquì me voy a referir a un aspecto de la vida amorosa que se ve frecuentemente afectado y distorsionado por los avatares de la crisis que hoy padecemos.

Entiendo por crisis incertidumbre, aislamiento, desamparo y una desconfianza respecto a nuestro semejante que le otorga a nuestro vivir cotidiano una ansiedad persecutoria, una tensión amenazante y como reacciòn a esto una autoexigencia desbordante. Como vemos estas características  van más allá de la posición económica o laboral personal que ocupe cada individuo en particular, porque inhiben la construcción de una comunidad, de un conjunto, de una pluralidad que brinde pertenencia y una cuota necesaria de seguridad.

El área de la vida amorosa  a la que aludo es la vida sexual que está ligada a los espacios de placer, goce o apelando a otros términos a desear y sentirse deseado, a disfrutar juntos, a sentir que uno existe para el otro y esto, como se hace evidente,  refuerza nuestra autoestima y fortalece la unión.

En este tiempo, que algunos denominan postmoderno, la noción de placer ha sido jerarquizada y está en íntima relación, como propone Gilles Lipovetsky, con lo que es la importancia del individuo, de la creatividad, del cambio y la transformación. En uno de los encuentros que tuve oportunidad de compartir con él  coincidimos en que este nuevo paisaje, al contrario de lo que muchos otros creen, no disuelve sino que por el contrario exige una ética y son las culpas neuróticas aquellas que quedan abolidas.

Pero la relación sexual necesita confianza, permiso, soltura, lejos de las ansiedades diarias que hacen vivir cada experiencia como una prueba, un examen y donde lo que parece estar en juego no es compartir sino ser aprobado y seguir en carrera. El sujeto vive acosado por un mundo que cree dividido en ganadores y perdedores y el sexo es entonces una competencia donde el fin es el éxito. El miedo al fracaso se hace presente dificultando el despliegue erótico a veces a través de síntomas claramente manifiestos como la impotencia o la frigidez y otras detrás de una apariencia supuestamente normal se esconde un empobrecimiento del disfrute esperado.

El miedo a fallar en cualquier área de la vida laboral o profesional contamina la intimidad de la pareja. Él o ella, en el inconsciente de cada uno, se trasforman en jueces o severos profesores quitándole al encuentro inventiva, juego, sana desvergüenza y obviamente lo que debiera ser un anhelo elegido libremente se transforma en un trabajo obligatorio.

Vemos entonces que es la angustia, el miedo a fracasar, de no cumplir con el imperativo exitista, la culpa de no complacer la supuesta expectativa de la pareja y por lo tanto la fantasía de quedar desvalorizado y excluido aquellas que se convierten en causas de los trastornos más frecuentes de la sexualidad en nuestro tiempo. Es por eso que aparece la

evitación, la impotencia, la anorgasmia como los problemas más habituales así como también ambigüedades o extravagancias que detrás de una máscara de una supuesta desinhibición esconden el miedo a una relación sexual.

Es importante entonces no quedar prisioneros de expectativas supuestamente sobredimensionadas ni exigirle al otro ni a uno mismo más de lo que en realidad se desea y que es básicamente descubrir el propio cuerpo y el ajeno, me refiero al cuerpo erógeno y transitarlo ensayando los distintos lenguajes.

Como vemos nuevamente el ser humano es punto de entrecruzamiento entre lo subjetivo y lo social, entre su ecuación privada y las pautas culturales del tiempo histórico que le toca vivir.

2012, 16 de Abril

El miedo cotidiano

El miedo ha dejado de ser un afecto ocasional o transitorio del sujeto de nuestros días para convertirse en un acompañante cotidiano. Toma distintos aspectos desde la ansiedad o angustia difusa, que no reconoce una causa definida y que muchas veces se expresa en síntomas corporales, hasta las formas nuevas de un pánico que en su búsqueda de metabolización ha distorsionado las relaciones interpersonalesy socialesde nuestro tiempo.

No cabe duda que la incertidumbre, el desconcierto, la imprevisibilidad marcan una ausencia de referentes que se traduce en desamparo, desprotección hasta llegar a vivencias abismales.

¿ Cómo reaccionamos hoy ante esto ? Las conductas son el resultado de mecanismos de defensa primitivos como rechazo de la realidad, negación, transformación en lo contrario, etc y se articulan formas de convivencia que pretenden ofrecer una imaginaria seguridad. Lo que muchas veces se produce en cambio es un intensificación del aislamiento con la debilidad consiguiente y que tiene como colorario la potenciación de la angustia y el miedo.

Algunas veces se busca o más bien se crean figuras depositarias de omnipotencia salvadoras que aprovechando o viéndose atrapadas en esta proyección infantil del resto terminan desencadenando formas variadas de violencia. Las tensiones se polarizan y el sujeto en su calidad singular queda  cada vez más ensombrecido.

Esto lleva a una pregunta esencial en relación al miedo del hombre ¿ adonde ha quedado lo humano, lo sensible, lo específico, lo propio que nos constituye y nos define como tales?. Se abren nuevas preguntas, algunas respuestas y esbozos de pronóstico.

La tecnología inaugura posibilidades pero también ilusiones.

Las disciplinas humanísticas cuestionan pero también adaptan.

Desde otra perspectiva será interesante enfocar el recorrido que el miedo hace en el seno dela familia. Unaeducación sostenida y acosada simultáneamente por el miedo. Modelos de crecimiento e identificaciones conflictivas que provocan vivencias caóticas.

Otra mirada que merece ser tenida en cuenta es la relación entre el miedo y el poder. Los poderosos que atemorizan, los poderosos frente a aquellos que quieren atemorizarse para suponerlos dotados de una fuerza y un dominio que paradojalmente los reasegure, a cambio de la sumisión, y también el miedo de los poderosos que necesitan buscar objetos temibles para encontrar un lugar a un terror sin nombre.

Vale la pena examinar el espacio que ha quedado para  la vida amorosa y la sexualidad en un mundo donde el acercamiento y el contacto buscan ser evitados y donde el encapsulamiento narcisista, desde su pequeñez objetiva, ofrezca una grandeza imaginaria que en la subjetividad parezca indestructible.

Los trastornos de la vida sexual interrogan al deseo. ¿ La ternura ha quedado limitada a áreas restringidas o es ya sólo un recuerdo ? ¿ Material vivo de psicólogos o descubrimiento de arqueólogos ?

Pero tenemos respuestas esperanzadas que ofrecer. Se trata de reconocer al otro, de entender que compartir nos enriquece si lo que está en juego es un proyecto común y que la adversidad puede ser tolerable o resistida cuando tenemos a otro a nuestro lado. Del mismo lado en su singularidad y su diferencia. Algunos definen a esto como la necesidad de fortalecerla comunidad. Otros sabemos que tenemos que empezar por construirla. Para que los remolinos del caos se transformen en perfiles dinámicamente estables de una vida que merece ser vivida.

2012, 26 de Marzo

Entre la seriedad y el humor

Entrevista – Diario La Nación

El psiquiatra y otro modo de narrar las tragedias griegas.

José Eduardo Abadi es médico psiquiatra, psicoanalista, escritor, dramaturgo y hombre de los medios. El profesional, que ha transitado la gráfica y la televisión, desde hace pocas semanas volvió a la radio con un ciclo que lleva su sello, La alternativa, los domingos, de 15 a 17, por Radio América (AM 1190).

Abadi regresa con el equipo que lo acompañó durante ocho años ininterrumpidos en Continental y luego en Mitre. La propuesta ofrece jugar con los temas y reflexiones universales, pero trabajados con rigurosidad y humor.

-Volver a la radio es una aventura interesante y movilizadora.

-Sí. La radio siempre me apasionó. Aparte, vuelvo con algunos de los antiguos miembros del equipo. Estamos muy entusiasmados con la idea de encontrarnos nuevamente con un público que nos venía convocando. Hacía tres años que estábamos sin aire, pero ahora Radio América nos invita nuevamente para hacer el programa.

-El horario es bueno para una “alternativa” diferente.

-La idea es escuchar algo que combine reflexión con algún tema universal que genere interés. Nuestra idea es poder jugar con los temas que proponemos y trabajarlos con rigurosidad, pero expresados de manera lúdica. La idea del programa es, más que dar respuestas, instalar preguntas que renueven intereses. Cuento para eso con mi equipo fiel: Titi Isoardi, en los temas relacionados con la mujer; María Abadi, en teatro; Carola Rousso, en artes visuales; Jorge Giribone, en actualidad, y Rudy, en el humor. Y la producción está a cargo de Silvia Dudiuk.

-Es una propuesta atípica para los domingos tan futboleros.

-La idea es jugar con el humor y ése es el clima del programa. Además, es el género en el que me muevo más cómodo. De hecho, cuando escribo teatro, apelo al absurdo. Me resulta difícil pensar las cosas sin que esté implicada la alusión humorística. No la burla, sino la otra lectura del humor, esa que nos permite tener una dimensión más humilde.

-El ciclo hizo populares a las tragedias griegas

-Sí. Vamos a empezar a contar las tragedias clásicas griegas con un lenguaje ameno y cotidiano. Ya vimos algunas cosas de Ulises en La Odisea y, probablemente, las semanas próximas contemos algo de Edipo, a través de Sófocles. La que comenta es María, mi hija, que hace la sección teatro independiente. A ella la apasiona mucho. Juega conmigo en el relato de las tragedias haciendo comentarios sobre los personajes y sobre ciertas dimensiones que les pueden pasar frente a ellos. Y volveremos a alguna sala teatral con Las tragedias a la abadiana .

-Que resultaron por cierto exitosas y convocantes.

– Las tragedias a la abadiana, denominadas así porque no sabíamos cómo nombrarlas. En realidad, es el relato de la tragedia con tono ameno y riguroso. Hay alguna alusión que puede hacer pensar en la actualidad y algún juego del absurdo que permite la descarga a través de la risa. Así se pretende que el relato tenga cierta ritualidad. Por ejemplo, en La Orestíada cuando cuento que Agamenón le advierte a Casandra sobre Clitemnestra pongo diez segundos de la canción de Sandro, que dice: “Se te nota, mentirosa y muy arpía”. Y se mezcla eso y yo sigo como si no hubiera ocurrido.

-Una edición que permite la radio.

-Este nuevo teatro, que es el relato raro de las tragedias y que entrecruza varios géneros, sí nace en la radio. Mi pasión por el teatro y el cine viene de la infancia. La radio es muy importante, porque no es un ámbito más para hablar del psicoanálisis. Es más, los programas que hice nunca fueron sobre psicoanálisis. Aquí es como un bonus track.

19 de Marzo de 2012

La sociedad de la amistad, un alternativa indispensable

Las clases medias urbanas transitan una cotidianeidad donde las vivencias de angustia, soledad y muchas veces incluso la expectativa catastrófica dominan la escena. Loslazos solidarios que construyen los grupos o conjuntos que brindan a sus miembros la pertenencia e identidad que necesitan para sentirse acompañados, formando parte de un proyecto en relación unos con otros carece de fuerza.

La debilidad consecuente que lleva a la retracción y a la violencia, que algunas veces tiene escenografías espectaculares pero otras mucho más frecuentes adquieren el rostro de la irritabilidad, el pesimismo o el desánimo.

Estas características de sociedades con fragilidades comunitarias evidentes son territorios ásperos y sombríos donde la creatividad, el interés y el amor por los otros no logran hacer escuchar su voz con la potencia necesaria y anhelada.

Frente a este panorama aparece un reclamo que empieza a tomar cuerpo. Un esbozo que aspira a ser una arquitectura con bordes más nítidos y palpables. Me estoy refiriendo a que hombres y mujeres que habitan un mismo pedazo de tierra quieren convertirse en ciudadanos que integran una República. La membrana cuyo tejido necesita no ser atravesado para que la normatividad prevalezca y la confianza estimule los vínculos no puede estar ausente, si no queremos caer en una desorganización que nos asuste y nos irrite. Es hora de poner en marcha la sociedad de la amistad recordando que esta no se limita solo a lazos interpersonales individuales sino que sostiene lo comunitario y favorece su desarrollo.

Algunos filósofos la han vinculado con los Derechos del Hombre al hablar de amistad cívica entendida como el intercambio respetuoso y solidario de los ciudadanos. Como vemos estas ideas se aproximan a aquellas de libertad, verdad y democracia que son eslabones indispensables para configurar una subjetividad social, feliz aún cuando esto parezca una extrapolación excesiva. Son las relaciones amistosas las que permiten hacer de las soledades elegidas lugares serenos que testimonian la condición de sujeto libre y autónomo. Evita esa otra soledad que es producto de fantasías persecutorias y que lleva a que cada uno se esconda y se proteja de otro al que categoriza como desconocido, extraño y peligroso.  Algunos etólogos han llegado a hablar o más bien aludir a una amistad cooperativa que es el resultado de una tensión instintiva que tendría por objeto articular alianzas que nos protejan y nos hagan sentir más seguros. Recordemos un trabajo de Desmond Morris que lleva por título La naturaleza de la felicidad donde demuestra que la supervivencia del hombre tuvo como exigencia la conformación de una vida social que a través del apoyo recíproco garantizara tanto la seguridad individual como aquella del grupo. Es lo que llamamos sinergia entre lo biológico y lo psicosocial. A partir de esto observamos también como los impulsos violentos tienen como víctima no sólo a la persona atacada sino también a la gente agresor. Se evidencia de un modo cada vez más palpable el binomio felicidad-seguridad. El semejante, vuelve a ser el protagonista.

Son los vínculos positivos o amistosos, como los llamamos aquí, que rescatan de esa carencia que ancla al sujeto en la debilidad y el desamparo. Permitiendo al romper la cápsula narcisista la apertura y aceptación de alguien distinto a uno.

Llegó la hora que la mueca hostil quede sustituida por la capacidad de dar y el diálogo. Que la competencia no sea arrasada porla hostilidad. Elsosiego y la comunicación deben abrir la puerta a una de las características pragmáticas de la persona: la ternura.

2011, 29 de Noviembre

La felicidad y diez razones para alcanzarla

La felicidad es un estado que no aparece espontáneamente sino que hay que trabajar creativamente para lograrla. Implica una armonía entre lo que se  piensa, se dice y se hace.

Vale decir un acercamiento a una coherencia intelectual y afectiva. Exige como condición indispensable la relación con el prójimo dado que es en el vínculo donde vamos a poder gestarla.

Está ligada:

1) Al logro de un yo auténtico y creativo

2) A la libertad de decidir y elegir

3) A la posibilidad de renunciar que como sabemos está íntimamente asociada a la libertad de elegir.

4) A la verdad: aquella que incomoda pero de un modo sano y que nos permite profundizar en nuestra intimidad.

5) Al placer en sus distintas manifestaciones. Permiso a descubrir y disfrutar.

6) A compartir dado que debemos subrayar que una de las premisas para acercarse a ese estado de felicidad es la relación con el semejante lo que implica su reconocimiento.

7) A la imaginación, paradigmática de nuestra condición de sujetos que se asocia a la empresa de descubrir y transformar.

8) La razón que aliada a la imaginación y al entusiasmo es uno de nuestros pilares y que nos permite ejercer nuestro juicio y sentido de realidad.

9) Disolver la codicia y la voracidad que nos aíslan y nos consumen.

10) Desterrar un enemigo fundamental por su carácter agresivo y disolutorio: la envidia. Esta última aliada al rencor y al resentimiento impide la solidaridad y el acompañamiento, factores que conducen a la construcción de un espíritu comunitario y en último término al concepto de felicidad social.

2011, 26 de Septiembre

«El sexo sin amor es bienvenido»

José Eduardo Abadi conjuga rigor con sentido común. Puede escuchar opiniones sueltas y luego reflexionar profundamente. Puede intercambiar ideas con colegas prestigiosos al mismo tiempo que con sus oyentes o lectores más diversos. Luego, ponerlas en palabras, otra vez, para todos los que quieran seguir pensando. Su experiencia, claro, se lo permite: es médico psiquiatra y psicoanalista, profesor universitario, directivo de la Asociación Psicoanálitica Argentina. Pero también es actor, dramaturgo y autor de obras teatrales. Y, además, desde hace años está presente en los medios, como periodista cultural en televisión, radio y medios gráficos.

En el sexo de hoy, nos mostramos más libres, disfrutando más de nuestro cuerpo, nos permitimos nuevas experiencias, los hombres se permiten mostrar su lado femenino y las mujeres su aspecto masculino, no estamos atados a los roles de antes… Pero, en nuestro interior, ¿eso se traduce en más placer o en más satisfacción? En su nuevo libro, José Eduardo Abadi reflexiona sobre estos temas y propone algunas respuestas tan interesantes como provocadoras: «Junto con esta apertura al disfrute, vivimos un aislamiento narcisista», responde Abadi, y agrega: «Detrás de la fiesta, estamos lejos de la fiesta». Sin embargo, la posibilidad de placer existe, y según Abadi, está tan cerca como dentro de nosotros mismos, en nuestra identidad, en nuestra propia «biografía». En ese camino, afirma, será «bienvenido el sexo sin amor», pero también podremos ser parte de otro tipo de encuentro sexual, más profundo, «ese lugar donde por momentos se disuelven las individualidades y se crea una especie de personaje único, mágico, y casi deshacemos la noción de tiempo». Y por esa misma razón afirma que ni el gimnasio ni las cirugías, que nos hacen a todos más bellos, nos garantizan la plenitud sexual, porque «no tenemos en cuenta que el tiempo es nuestra clave para gozar del sexo. Nuestra finitud es secreto de nuestra posibilidad de gozar», explica. Y así como la estética no es garantía de placer, tampoco piensa que lo sean los roles tradicionales, ni del hombre ni de la mujer. En la simetría de los roles, en el intercambio del juego, está la riqueza, dice: «La mujer desafía es la asimetría y dice ‘se terminó el vos gozás porque me hacés gozar’, y ahora dice ‘vos gozás y yo te hago gozar a vos'». Claro, habrá quienes lo acepten y quienes no, pero Abadi afirma que está comprobado que los hombres que logran abrirse a una mayor sensibilidad y se permiten también sacar a las mujeres del esteriotipo «madre virgen o puta», luego son capaces de tener familias más sanas e hijos más felices. Un gran premio, ¿no? José Eduardo Abadi, datos biográficos Es médico psiquiatra, psicoanalista, didáctico de la APA y profesor del Instituto de Psicoanálisis. También actor y dramaturgo, es autor de obras teatrales que se ubican entre el grotesco y el absurdo. Se desempeña además como periodista cultural en televisión, radio y medios gráficos. Junto a Mauricio Abadi publicó: ¿De qué hablamos cuando hablamos? e Invitación al psicoanálisis. También es autor de No somos tan buena gente: un retrato de la clase media argentina, Los miedos de siempre, los terrores de hoy y Teatro Completo, entre otros.
Nota de Clarín – 9 de Agosto de 2006